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Metamorfosis bolivianas (página 4)

K. Sapozhnikov (Mayo 2008)
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En el camino de La Paz a Oruro
En el camino de La Paz a Oruro, "por inercia" discutimos las perspectivas de que el Presidente Evo retuviera el poder hasta el final de su mandato y escuchamos cassettes con los ritmos carnavalescos bolivianos del 2008. Los carnavales de cada año en la ciudad minera de Oruro se presentan como una "alternativa" a los de Río de Janeiro, aunque por el lujo y el "despliegue" comercial quedan a la zaga de los de Brasil. Los bolivianos elogian su fiesta, considerando que es "más popular, espontánea y variada en el plano folclórico".

La ciudad minera de Oruro es famosa no por sus monumentos arquitectónicos o históricos, sino por sus tradiciones revolucionarias. Por cierto, el palacio del "rey del estaño y la plata" de Bolivia, Simón Patiño, es un lugar único tanto por su estado de conservación como por la originalidad de sus innumerables objetos en exposición. En este museo no te abandona la sensación de que toda la familia Patiño salió un rato a pasear y, en ese tiempo, se te brindó la posibilidad de recorrer la infinidad de habitaciones y salas que conforman el palacio. Me asombraron especialmente dos cosas: unos diarios enrollados formando un tubo con fecha de febrero de 1912, "acabados" de entregar por el cartero y aún no leídos por el dueño, y su "reproductor fonográfico musical", cuyas dimensiones son las de un armario grande. El vigilante del museo puso para nosotros uno de los "cilindros" con la grabación de una alegre mazurca, no sin sugerir la conveniencia de "alguna gratificación" por tan exótico concierto.

Por supuesto que en Oruro (y más tarde en Potosí) nos sorprendieron los monumentos a los mineros combatientes con sus impresionantes fusiles. Por cierto, pudimos convencernos de que los mineros no sólo saben defender sus derechos empuñando las armas, sino que además pueden trabajar en las condiciones más infrahumanas. R. y Carlos, con un ánimo muy optimista, emprendieron el recorrido "encorvado" por las estrechas galerías de la mina-museo "Socavón". Volví a verlos unos 40 minutos después con sus rostros sudados, demacrados, jadeantes. Con sus últimas fuerzas se sujetaban de los pasamanos de la salida de evacuación para mantenerse en pié.

- Bueno, chicos, que ¿estuvieron trabajando con la pica?, - les dije en tono de broma.

Como respuesta no obtuve ni una palabra. Silencio sordo. ¡Y eso que se trataba de una excursión! Los mineros bolivianos aún hoy continúan trabajando en minas como esa. Posteriormente en Potosí, en la montaña "Cerro Rico"; vimos como un turno de mineros (rostros de indiferencia, disposición para lo que sea) "reparaba fuerzas" con hojas de coca antes de bajar al fondo de la mina. Sólo con ayuda de la coca es posible mantenerse en ese infernal calor sofocante y dentro del denso polvo y bajo el ensordecedor rugido de los martillos. Muchos de los mineros, con seguridad, preferirían otro trabajo, pero no lo hay. Y es por ello que día tras día ponen en riesgo sus vidas.

Expreso del Sur
En un confortable vagón del "Expreso del Sur" nos dirigimos a las salobres tierras de Uyuni. Durante las 8 horas de viaje no dejamos de sorprendernos por los asombrosos paisajes bolivianos que se nos antojan como de otro planeta. Por nuestra ventanilla pasaban humildísimas aldeas, construcciones de adobe abandonadas, las cristalinas aguas de los lagos con colonias de flamencos, estaciones con nombres insólitos. Uno de ellos acerté a leerlo: ¡Poopo! ¿Será posible que sea el mismo Poopo? Según versiones de algunos investigadores, en algún lugar de esta zona bajo una cubierta arenosa a 3700 metros sobre el nivel del mar, se oculta la legendaria Atlántida. Es una pena no haber dispuesto de tiempo para "hacer cálculos sobre el terreno" de su posible ubicación. Quien sabe si hubiéramos tenido suerte, porque los descubrimientos más sensacionales se hacen por casualidad, por una idea súbita aparecida al azar.

Nuestro tren arribó a la estación de Uyuni en medio de una total oscuridad. Es algo frecuente en estos lugares: la desconexión del fluido eléctrico. En algún lugar algo se puso en corto circuito, pero las causas reales de la avería sólo comenzarán a investigarlas por la mañana. De modo que llegamos al hotel casi a tientas auxiliados por la inconstante luz de los faros de los vehículos que transitaban. El administrador nos esperaba junto a la puerta haciéndonos señales con una linterna al estilo de los conspiradores. Nos entregó velas y cerillas, toallas y cobertores y de manera confidencial nos informó:

- Hay agua caliente en la ducha. Tienen tiempo de ducharse mientras otros no se les adelanten…

Uyuni
Al amanecer nos quedó claro que sin el turismo, Uyuni habría perdido toda la base material de su existencia. La extracción de sal es sólo un negocio secundario. Lo principal es la prestación de servicios a los "desembarcos" turísticos. Buroes con atractivos nombres como "Sólo para los que aman la aventura" se encuentran a cada paso. Los itinerarios se abren en abanico abarcando todo el territorio hasta la frontera con Chile.

Las empresas turísticas ofertan Uyuni con el slogan: "Lo auténtico aún existe". Es una jugada correcta. De ahí que a estas tierras desérticas de alta salinidad con una superficie de cientos de kilómetros cuadrados arriben turistas de todo el mundo, pero sobre todo de los países occidentales. Entre ellos figuran no sólo los incansables jóvenes, sino también personas de edad, sedientas de pasar dos o tres noches en casas de campaña sobre la salobre meseta, comiendo de olla común, disfrutando la ausencia total de las comodidades habituales y soñando con una vida llena de peligros y aventuras.

Cementerio de trenes
Por ello, el ostensible "culto a la anticivilización" caracteriza muy bien a Uyuni y a los territorios colindantes. Una manifestación de marca de este "anti" es el "cementerio de locomotoras". Cementerios de metal ferroviario lleno de óxido como éste hay montones en el mundo, pero en el caso de Uyuni, las locomotoras que ya hayan llegado al fin de su vida útil se ven como un símbolo infernal del futuro de la civilización humana. Nuestro nuevo guía-conductor, de nombre Sixto, por supuesto que en más de una ocasión había contemplado estos restos sombríos, pero, no obstante, con expresión de condenado quedó inmóvil a nuestro lado. Ciertamente, no pudiera garantizar la sinceridad de su reacción. No pudiera excluir que simplemente se estuviera burlando de nosotros. Si, a la verdad que "Cementerio de Locomotoras" suena de manera sentimental. Pero si se le denomina "Basurero de Locomotoras", como por arte de magia desaparecería todo el encanto de tanto exotismo.

Colchani
Con el poco locuaz Sixto al volante de su jeep, partimos de Uyuni hacia la ciudad de Potosí, distante a 220 kilómetros. En tiempos de la Corona Española, Potosí ganó fama por la increíble cantidad de plata que se extraía de las profundidades de Cerro Rico. La exclamación de Don Quijote, "¡Esto vale un Potosí!" es una demostración directa de la fama que la ciudad tenía en aquel entonces en toda Europa.

Arco de Cobija con Cerro Rico al fondo
Los actuales habitantes de Potosí consideran que su ciudad vive de las glorias pasadas, aunque a las minas de Cerro Rico, montaña roja en forma de cono, cada día siguen bajando los mineros. Sus depósitos de plata aún no se han empobrecido del todo y, por demás, también tiene estaño, otros metales y minerales. En abril del año 2007, las autoridades bolivianas pretendieron cerrar la "mina polimetálica" de Cerro Rico para hacer "una reevaluación de las reservas", pero los 16 mil mineros de Potosí, unidos en cooperativas, bloquearon los accesos al cerro. Para no agudizar el conflicto, el gobierno dejó sin efecto su proyecto. La extracción de metales y minerales se sigue haciendo "a la antigua". Entre 5 y 6 mil minas calan el cerro que ha devenido una especie de queso suizo. Según el criterio de los especialistas, bastaría un pequeño temblor de tierra para que el cono de Cerro Rico se desplome y forme una enorme "torta" de piedra.

La presunción de catástrofe flota en el aire. Los ciudadanos con los que conversamos sobre este tema coincidían en que "ya era hora" de cerrar Cerro Rico. Pero, y los mineros ¿a dónde van a parar?

En esta oportunidad de nuestra pequeña expedición no hubo nadie que quisiera unirse a los grupos turísticos que se preparaban para bajar a las minas. Hay muchos de estos grupos sobre todo en las proximidades de la Plaza del Minero: pequeñas bandadas de ánimo festivo con trajes de lona impermeabilizada de color amarillo canario, botas de goma y cascos como medida de seguridad. Por recomendación de los guías, los turistas adquieren regalos para los mineros: botellas de singani (aguardiente de uva), queso de chancho, salteñas (empanadas), bolsitas plásticas con hojas de coca, envases con dinamita. Estos presentes no sólo constituyen una tradición, sino una forma velada de ayudar a los mineros cuyos salarios no son tan altos.

Subimos a Cerro Rico y, acompañados por un muchachito que se gana la vida trabajando como guía "informal", desandamos sus laderas, martirizadas por minas y excavaciones. Nos llevó, además, a lugares que los turistas comunes no visitan, lo que nos obligó a entrar en explicaciones con la seguridad para demostrar que no íbamos con malas intenciones y que ni por asomo éramos enemigos de la propiedad cooperativa. Después de este incidente nos convencimos de que la mejor vista de Cerro Rico es la que se observa desde el Mirador, torre especialmente construida para esos fines.

Casa de la Moneda, Potosi
Un lugar de visita obligada en Potosí es la Casa de la Moneda. Su símbolo es mundialmente conocido: un rostro-máscara (mascarón) con sonrisa enigmática sobre el arca de entrada al patio interior. Hay muchas versiones acerca de a quién representa la máscara: a Baco (Dionisio), Dios del Vino, a alguno de los antiguos directores de la Casa de la Moneda, al indígena Diego Huallpa, etc. Se dice que los indígenas de las aldeas próximas a Potosí en ocasiones visitan a la máscara para pedirle "ayuda material" en forma de un buen salario, una herencia grande o una cartera repleta de dinero hallada en la calle. Escribo esto sin segundas intenciones humorísticas. ¡Quién sabe, quién sabe!... Por esta razón y por si acaso, todos nosotros: R. Sixto y yo, estuvimos no menos de media hora fotografiándonos debajo de la máscara. Mantener una relación de respeto hacia las leyendas y tradiciones populares bajo ningún concepto puede considerarse superstición…

Las metamorfosis bolivianas: políticas, ideológicas, sociales, educacionales y culturales están en su apogeo. El Presidente Evo se ha echado sobre sus sufridos hombros indígenas una enorme carga de responsabilidad casi superior a sus fuerzas. Tiene serios enemigos que actúan de forma metódica y persistente, unas veces de forma directa y otras de manera furtiva. La guerra informativa organizada por "dependencias competentes" de los EUA se lleva a cabo día a día, en forma de ofensiva y con una intensidad tal que en ocasiones se crea la impresión de que las autoridades oficiales de Bolivia se dedican exclusivamente a "justificarse". Pero ¿cómo es posible dejar de reaccionar a las campañas difamatorias?

En la calle Sagarnaga de La Paz, donde los turistas hacen sus reservas de souvenirs, es difícil encontrar algo dedicado a Evo. No hay tazas ni llaveros de recuerdo. Si acaso sólo camisetas con su retrato y, para eso, muy mal hechos porque tienen mucho de caricatura. R. ya regresa a Moscú y se apresura a comprar "algo típico boliviano" para sus amigos. Ya tiene botellas de singani, también figuritas de Ekeko, dios indígena de la prosperidad, hechas de estaño ¿Qué más? ¿Quizás una caja de bolsitas de mate de coca?

Cuando se lo propuse a mi compañero de viaje, éste se aterrorizó:

"Hace poco en el aeropuerto Sheremetyevo detuvieron a unas estudiantes rusas por transportar narcóticos. Venían de Bolivia"

"¿No me digas que fue por mate de coca? - pregunté asombrado.

"Las muchachas se vieron complicadas por una de esas inofensivas bolsitas que usan los mineros con hojas de coca. No, no. ¡Nada de presentes riesgosos!"

R. viajó a Moscú sin el mate de coca. Gracias a él por haberme prevenido acerca de lo de Sheremetyevo. No hay dudas de que por una caja de dulces del free shop de La Paz me hubiera metido en problemas. Tienen un nombre que mete mucho miedo: "Erytroxylum Coca", lo que en latín significa "arbusto de la coca". ¡A quién se le habrá ocurrido poner semejante nombre a unos inofensivos caramelitos que sirven para aliviar el mal de las alturas! Después hubiera tenido que desgastarme en justificaciones ante la aduana de mi propio país.



1. El mineral de plata fue descubierto en Cerro Rico por el indigena Diego Huallpa en 1544. Solo un ano despues junto al cerro ya se habia fundado una villa. Desde mediados del siglo XVII, Potosi se convirtio en la ciudad mas rica y prospera de America. En 1988, la UNESCO incluyo Potosi en la relacion de ciudades declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad.
2. Durante los últimos tiempos, Evo Morales ha tenido que refutar las “informaciones” de que los venezolanos están creando bases militares en Bolivia y que comenzaron a traspasarle a las fuerzas armadas de Bolivia piezas de fusiles automáticos Kalashnikov - 103, adquiridos en Rusia. Se echó a rodar el falso rumor de que el partido de Morales - Movimiento al Socialismo (MAS) - mantiene relaciones con los separatistas vascos de ETA y con los guerrilleros colombianos. Con mucha frecuencia se está planteando el tema de una supuesta financiación secreta a Evo para “proyectos revolucionarios”. De creer en estos planteamientos, Evo estaría recibiendo “abono” financiero de Venezuela, Libia, Irán y otros países que “gravitan en torno al eje del mal”.

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