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Honduras, país invisible… (página 3 de 4)

K. Sapozhnikov (Enero 2008)
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Santa Lucia
Debido a que los partes meteorológicos eran cada vez más alarmistas al informar de la aproximación del huracán “Dean” a las costas de Honduras, descarté la idea de viajar al litoral caribeño, eligiendo destinos más próximos a Tegus: el poblado de Santa Lucía, en el Valle de Ángeles, y la antigua capital: Comayagua.

Santa Lucía es un poblado muy limpio y con una historia que se remonta a comienzos del siglo XVI. Sus primeros residentes fueron los mineros que extraían plata para la corona española. Cuando se agotó la plata, los habitantes del poblado comenzaron a dedicarse a la artesanía y al cultivo de flores. Pero todo esto también fue quedando en el pasado. En la actualidad, Santa Lucia experimenta un boom constructivo: la élite hondureña erige bungaloes y casas de campo. El poblado, situado a una altura de kilómetro y medio sobre el nivel del mar, tiene un microclima ideal, una agradable temperatura y aire puro impregnado del aroma de los pinos.

Valle de Angeles
En apariencia, en Valle de Ángeles todo está calculado para recibir turistas. Hay pabellones y kioscos para la venta de souvenir, pequeñas cafeterías y cafés, microtaxis de paseo y coches de caballos. Pero no, todo esto existe por si y para si, en un mundo irreal y distante en el cual los inquietos turistas son percibidos por los pobladores como una fastidiosa interferencia a la contemplación melancólica de la naturaleza y al flujo habitual de los acontecimientos de cada día. Involuntariamente se comienza a creer que en Valle de Ángeles se ha conservado el pasado de Honduras de finales del siglo XIX y que el siglo XX aún está por comenzar.

Camino a Comayagua, a unos 50 kilómetros de Tegus, vi un indicador de caminos que anunciaba: Palmerola. Aquí se encuentra la base de las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos. El taxi arrendado por mí durante un buen rato viajó a alta velocidad por la carretera a lo largo de una interminable cerca tapiada con obstáculos de alambre de púas. Cuando en Honduras se habla de la imperiosa necesidad de un nuevo aeropuerto para la capital, sin falta se piensa en Palmerola. El aterrizaje de aviones de gran porte con pasajeros está prohibido en el aeropuerto de “Toncontin”. El riesgo es muy grande. El único lugar apropiado para trasladar “Toncontin” es Palmerola con su “infraestructura” prácticamente lista para la atención de vuelos nacionales e internacionales.

Palmerola
Pero los norteamericanos no piensan renunciar a su base. Y está claro a juzgar por sus intereses estratégicos: garantizar la seguridad del Canal de Panamá, monitorear la transportación ilegal de narcóticos por tierra, agua y aire, mantener una vigilancia constante de los países con “regímenes populistas”, en primer lugar, Venezuela. Adicionalmente, el Presidente de Ecuador, Rafael Correa, ya alertó acerca de que en el 2009, al vencerse el plazo de arrendamiento, los norteamericanos deberán abandonar la base de Manta. Así que de ninguna manera pueden prescindir de Palmerola.

En 1962 uno de esos ya olvidados propagandistas del “frente anticomunista” publicó un artículo con el llamativo título de “¿En Honduras, puede darse una futura base soviética?”1 En pleno apogeo de la “guerra fría”, el planteamiento de semejante cuestión no podía dejar de producir alarma entre los hondureños: ¿será posible que los “rojos” se estén acercando? ¿Será posible que ya hayan llegado hasta Honduras? El autor narraba acerca de la necesidad desesperada que pasaban los hondureños, de los niños pidiendo limosna en la Plaza Morazán, de la corrupción generalizada y del desempleo. “La ausencia de perspectivas, - subrayaba el periodista -, obliga a todos los descontentos a escuchar a escondidas las transmisiones de Radio Moscú o Radio Habana o a leer los folletos subversivos que distribuyen los agentes comunistas”. Como principales propagandistas de los “rojos” se mencionaban a los maestros de las escuelas primarias y a los estudiantes partidarios del Frente de Reforma Universitaria (FRU). A criterio del autor, eran ellos precisamente los que podían contribuir a la expansión comunista en el país y por ello se demandaba apoyo material urgente a las fuerzas de derecha en Honduras: Con 9 millones de dólares resultaría más que suficiente, pero bajo un buen control, toda vez que la élite gobernante hondureña estaba provista de un irrefrenable instinto de apropiación y, según se decía, tranquilamente podía robárselo todo y olvidarse de los sagrados objetivos de combatir a los “rojos”. Este era todo el contenido de este artículo enfilado a sembrar desconcierto. Este tema, la posibilidad de que apareciera una base soviética en Honduras, fue utilizado como procedimiento propagandístico para exhortar a Occidente a prestar ayuda financiera al gobierno de “mano dura”.

Por otra parte, las bases militares en Honduras siempre se han creado por exigencia de un solo país: los Estados Unidos de Norteamérica.


Comayagua
A la ex capital de Comayagua le falta aún mucho por hacer para llegar a ser una ciudad atractiva para el turismo, digamos, como Antigua en Guatemala. Mas no basta en lo absoluto con una reparación cosmética de los monumentos arquitectónicos ni con que exista un par de museos. Pero hasta el momento todo está sólo en planes para el futuro. Incluso la casa en la que durante largos años residió el más venerado presidente del país, José Trinidad Cabañas2, (“¡No se apropió de una sola lempira de las arcas del Estado!”) (nota del traductor: Lempira3 es la moneda nacional de Honduras) ¡hace más de 30 años está esperando por su restauración!

No obstante, la ciudad despierta una sensación de calidez, confort y seguridad que, probablemente, se explique por el “factor humano”. Los habitantes son amistosos, atentos, gustosamente establecen contacto, no están tan encerrados en si mismos como ocurre en la algo sombría Tegus o en Valle de Ángeles.

Pupusas al natural
En Comayagua conocí a un pintor que con toda franqueza sobrellevaba el tedio junto a su “exposición itinerante”, mientras esperaba posibles clientes. Nos fuimos conociendo palabra a palabra. Ricardo Atala, de unos 40 años, procede de la familia de un empleado portuario. “Catracho típico” con relación a la vida: Mejor poco que nada, se aferra firmemente a este principio y de esta manera vive fácil, libre y en armonía con el mundo exterior en el cual, lamentablemente, hay aún mucha envidia, injusticia y enemistad.

A Ricardo no le gusta permanecer mucho tiempo en un mismo lugar. Con frecuencia cambia de ciudad, prefiriendo, por supuesto, las que son visitadas por turistas extranjeros. De profesión maestro de historia, trabajó poco tiempo en la escuela. Lo venció su insuperada pasión por las artes plásticas. Desde muy temprana edad, Ricardo comenzó a dibujar (se autodenomina autodidacto) en su ciudad natal, Trujillo, la misma que en su cementerio local guarda los restos del “filibustero” Walker quien tratara de convertirse en gobernante de América Central.

Atala se especializa en pintura naif de “género político”, extrayendo su inspiración de la historia de su país. Para sus obras prefiere motivos moralizantes y aleccionadores, “hacer coincidir” personajes del pasado y el presente. Es así como el cacique indio Lempira con su taparrabo y una lanza en la mano aparece interviniendo ante el parlamento nacional lanzando una alerta: “Ya les haremos saber de nosotros”. También está Francisco Morazán, con su tricornio y en raído uniforme, siendo expulsado de la tribuna para huéspedes ilustres durante las solemnidades con motivo de la independencia del país (el cuadro se titula “No lo reconocimos”). En la obra de Ricardo también está presente la imagen de Walker. El filibustero se burla sarcásticamente señalando con su dedo huesudo hacia las torres de vigilancia de la base aérea norteamericana de Palmerola: “Ellos olvidaron mi triste experiencia”.

El pintor estuvo de acuerdo con mi opinión acerca de que su obra estaba “ideologizada”:

- Muchos me lo han dicho, pero no pertenezco a ningún partido. Seguro es porque todos mis temas son una reacción natural frente a la mentira, la demagogia y la indiferencia social de nuestro gobierno. No me agrada su convivencia pacífica con la oligarquía, su menosprecio por las necesidades de los ciudadanos y, mucho menos, su servilismo ante la “Embajada”, que a todos los hondureños permanentemente nos educa, nos alecciona y nos hala las orejas. Resulta que nunca hacemos nada como debiéramos.

Ya sabía lo que tenía en mente Ricardo cuando decía “la Embajada”. En Honduras esto significa ante todo “la embajada de los Estados Unidos”.

Ricardo no oculta su actitud crítica hacia la situación en Honduras.

- Vivimos de un escándalo de corrupción en otro. Los europeos nos dieron muchos recursos para programas sociales, mejorar la infraestructura urbana, modernizar la agricultura y ¿qué ha pasado? Casi todo se lo han robado. ¡Es una tradición! Por eso los países donantes uno tras otro han ido renunciando a sus contribuciones benéficas. Hasta a Suecia se le agotó la paciencia4. El salvavidas para las autoridades lo constituye la ayuda financiera de Taiwán, porque éstos tienen pánico ya que cada vez son menos los países que mantienen relaciones diplomáticas con ellos y, con el propósito de retenerlos, Taipei se ve obligado a estimular a sus últimos aliados en América Latina y el Caribe sin hacer mucho hincapié en los informes sobre la inversión de los recursos que asignan. El Primer Ministro de Taiwán se reunió en agosto con nuestro Presidente y con ministros hondureños y a todas las solicitudes de ayuda financiera de buen agrado respondía con un “si”.

Via Oriente
Ricardo aún no ha pintado un cuadro sobre “sobornos internacionales”, pero pronto lo hará y con un subtítulo chino. Considera que Pekín sobrepasará a sus rivales de Taiwán mediante el uso de esas mismas palancas económicas, todopoderosas en Honduras. Por el momento, Honduras no tiene relaciones diplomáticas con la República Popular China, pero los chinos persisten metódicamente en su línea y, según el pronóstico de Ricardo, en los próximos 5 ó 6 años lograrán su propósito.

Pero hasta el momento, los chinos van penetrando en Honduras “sin previo aviso”, empleando para ello las bien montadas rutas a través de Nicaragua y Cuba. Según la estadística oficial, en el país residen cerca de 4 ó 5 mil chinos, pero es difícil confiar en la exactitud de estos datos porque cientos de chinos utilizan el territorio hondureño en tránsito hacia los EUA y Canadá.

Me lamenté de que en Tegucigalpa prácticamente no hubiera librerías (pienso que en otras ciudades hondureñas la situación no sea mejor). Ricardo estuvo de acuerdo. Si, los hondureños, en efecto, leen poco. Este hábito se lo hicieron perder en los años de los regímenes dictatoriales. El que lee es potencialmente peligroso.


1. Hafter, Rudolph P., “En Honduras, puede darse una futura base soviética?» Publicada en la revista “Cuadernos”, París, diciembre de 1962. Ver la reproducción del artículo en la compilación “La Mano Roja. Secretos de las Tácticas Comunistas en América”, Santiago de Chile, 1963.
2. José Trinidad Cabañas (nació 09.06.1805 - falleció 08.01.1871). Gobernó el país de 1852 a 1855.
3. La unidad monetaria de la nación lleva su nombre.
Lempira es la moneda nacional de Honduras

4. El embajador de los EUA en Honduras, Charles A. Ford, declaró en agosto del 2007 que de los 3000 casos de corrupción detectados en el país, sólo 11 habían sido investigados y sus expedientes pasados a los tribunales.

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