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Honduras, país invisible… (página 4)

K. Sapozhnikov (Enero 2008)
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Reconozco que entre los hits musicales de moda en Rusia mi preferido es el dedicado a Honduras. ¡Es la problemática latinoamericana al fin y al cabo! Los renglones en que se hace el mayor énfasis de la canción dicen: “¡Honduras, Honduras! ¿Dónde está tu clase obrera?” y esto no podía dejar de provocarme preocupación. En efecto, ¿Dónde está? ¿Qué le ha pasado? ¿Lucha por sus derechos inalienables o manifiesta pasividad como clase?

Ya en Honduras, intenté buscar una respuesta a esta interrogante y, para comenzar, eché una ojeada a los reportes del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). Resulta que a partir de los años 2004 y 2005 el país presenta una situación desesperada en materia de empleo: el 46% de la población apta para el trabajo está en “paro” (1 millón 240 mil personas) o trabaja la jornada laboral completa, pero con salarios inferiores al mínimo establecido (hay cerca de 1 millón de trabajadores de este tipo). Según los datos del propio instituto correspondientes al año 2004, 2 millones 600 mil hondureños (de los 7 millones de la población del país) viven con un “ingreso” ¡inferior a un dólar diario! Además, 4 millones 500 mil hondureños viven por debajo del nivel de pobreza: ¡el 70,5% de la población! La falta crónica de alimentación, la catastrófica escasez de viviendas y la ausencia de un sistema de salud medianamente conformado son realidades cotidianas de Honduras. Por supuesto, algunos representantes de la clase obrera están bien acomodados, digamos, en algún cargo en un ministerio o como “personal de servicio” de funcionarios de alto rango. Estos son trabajadores que no viven con un dólar al día, se alimentan con regularidad y con suficientes calorías. Los alegres conductores de autos de jefes a los que tuve oportunidad de conocer pertenecen, precisamente, a esta categoría (ver foto).

La falta de puestos de trabajo en el país obliga a los hondureños a abandonar el suelo patrio para dirigirse - legal o ilegalmente - a la próspera Europa o - con más frecuencia - a los Estados Unidos, donde labora más de un millón de catrachos y catrachas. Así pues, la interrogante de ¿dónde se encuentra la clase obrera? puede responderse sin lugar a dudas afirmando: principalmente ganándose la vida en los Estados Unidos.

Los hondureños simples que por puro milagro sobreviven con sus miserables salarios, tratan de revertir la situación del país a su favor. Crecen las manifestaciones organizadas con demandas políticas y económicas; aumenta su masividad y combatividad. Los métodos “tradicionales” para neutralizar las protestas populares ya no surten efecto. Para proteger sus intereses, la élite gobernante se ve obligada a recurrir, cada vez con mayor frecuencia, a una argumentación digna de los tiempos de la “guerra fría” y que, a todas luces, ya debía estar en desuso.

La tesis acerca de la penetración en Honduras de “fuerzas subversivas desde el exterior” se va incorporando masivamente en la conciencia de los ciudadanos a través de los medios de información masiva, electrónicos e impresos, de la derecha conservadora. En materia de lavado de cerebros lo más frecuente es emplear la “imagen negativa” del presidente venezolano, Hugo Chávez, quien desde el punto de vista de los propagandistas neoliberales personifica la quintaesencia de la “descalabrada” ideología del pasado. Lo acusan de marxista-leninista, castrista, guevarista, trotskista, peronista, etc., etc. Pero lo peor para los opositores de Chávez es que este carismático “líder de tipo populista” está dando un “mal ejemplo” a ciertos otros políticos (¡inmaduros!) del continente.

El Presidente Zelaya, que resultó vencedor en los comicios de fines del 2005, trató de mantenerse a distancia prudencial de Chávez. Sin embargo, los problemas energéticos, cada vez más agudos en la economía hondureña, demandaron de Zelaya decisiones urgentes. Como “Rubicón” se presentó una situación de franca arbitrariedad en materia de política de precios por parte de las compañías norteamericanas que controlan la red de centros de expendio de gasolina en el país. Zelaya dio un paso sin precedentes: decretó la implantación del control temporal por el Estado de los depósitos de gasolina de las compañías norteamericanas. Se logró normalizar la situación, pero después de estos acontecimientos, Zelaya decidió establecer negociaciones con Venezuela, país que dentro de esta región lleva a cabo una política de suministros energéticos en condiciones favorables.

El primer encuentro personal entre Chávez y Zelaya tuvo lugar en Managua el 19 de julio del 2007 en ocasión de los festejos por el 28 aniversario de la victoria del Frente Sandinista de Liberación Nacional. A la tribuna del acto, engalanada con banderas rojas, ascendieron los Presidentes Daniel Ortega, Hugo Chávez, Martín Torrijos y Manuel Zelaya. Los líderes de Nicaragua y Venezuela pronunciaron encendidos discursos en los cuales se escucharon las palabras socialismo, revolución, lucha contra el imperialismo, Patria o Muerte - e incluso ¡Venceremos! Los presidentes de Panamá y Honduras fueron, por supuesto, mucho más moderados en sus intervenciones, pero aplaudieron a brazo partido los emotivos discursos de sus colegas “populistas”.

El presidente de Honduras, Jose Manuel Zelaya
La derecha hondureña recibió la conducta de Zelaya en Managua como algo “extraordinario”: “¡Confraternizar con enemigos de los Estados Unidos al amparo de la bandera roja!” De inmediato, Zelaya fue incluido en la lista de enemigos potenciales de los EUA, por cuanto, sabido es, que, en política internacional, se debe mantener con firmeza el rumbo elegido: o marcas el paso con el aliado tradicional o marchas siguiendo las huellas de “populistas e izquierdistas” del corte de Chávez y Ortega1. Los enemigos de Zelaya destacaron, con buena dosis de malevolencia, que los norteamericanos habían asumido una actitud de “desaprobación” evidente hacia este viaje a Managua. Durante la tercera visita del presidente hondureño a Washington, Zelaya no fue recibido por G. Bush, a pesar de que antes, invariablemente, siempre era recibido en audiencia.

Pusieron énfasis especial en decir que las autoridades norteamericanas habían recrudecido las acciones encaminadas a dar caza y deportar a los inmigrantes ilegales hondureños2. Los canales de televisión casi todos los días presentaban reportajes sobre el arribo de nuevos grupos (de 200 y 300 personas) de hondureños repatriados y asustaban al país afirmando que esas acciones acarrearían al país pérdidas financieras: en el 2006, el monto anual de las remesas de dinero por parte de los hondureños que trabajan en los Estados Unidos se acercó a los 3 mil millones de dólares3.

Comprendo por qué los artistas de variedades de Rusia entonan cantos con palabras de solidaridad, como por ejemplo: “Honduras, Honduras estás en el corazón de cada uno de nosotros”. La inercia internacionalista vive sólidamente enraizada en nosotros. Pero un cantante hondureño no va a cantar nada parecido. La Honduras oficial y los hondureños simples no manifiestan prácticamente ningún interés por Rusia ni por sus acontecimientos. Con sus propios problemas tienen más que suficiente.

Por esto fue que en los medios de información masiva de Honduras, me sorprendió la intensidad de las publicaciones con elementos negativos sobre Rusia. Por mucho que me repetí que “no había que tener prejuicios ni prevenciones” se me creó la impresión de que Honduras sigue viviendo en la atmósfera de la “guerra fría”, aunque esta atmósfera está más “enrarecida” que en el pasado. Es conocido que los periódicos hondureños no tienen un solo corresponsal en el territorio ruso y que no pueden juzgar los asuntos de Rusia por si mismos. Sin embargo, las aspiraciones de la prensa catracha por ocupar un lugar en la vanguardia de la “Cruzada” por la democracia y la libertad en la distante Rusia, si resultan más que evidentes.

No hay dudas de que esta “guerra” “se alimenta” con argumentos y recursos financieros procedentes de fuentes norteamericanas ni de que los medios hondureños de información masiva reciben “materia prima” para sus artículos anti-rusos desde centros “especializados”, utilizando el mismo léxico y los mismos argumentos de la “guerra fría”, con el propósito de debilitar, comprometer y denigrar al enemigo potencial. Es bien conocido que ¡el imperio no duerme! Basta hacer un recorrido con un lápiz rojo por lo escrito en tales publicaciones para comprender que el énfasis acusador no es, en modo alguno hondureño, sino abiertamente imperial - altivo, falsificador de datos, tendencioso y lleno de pretextos para el chantaje, para sanciones y para la intervención.

He aquí uno de esos materiales, publicado en el diario “Heraldo” el 26 de agosto del 2007 bajo el título “Opinión”. Así pues, resulta que Rusia vive bajo el autoritarismo desde los tiempos de Iván el Terrible y ahora es gobernada por agentes del KGB y “aparatchiks” que de manera inmisericorde someten a todos los que ofrecen resistencia. La consecuencia es que reina la ilegalidad, la censura total, el caos económico, la apoteosis de la delincuencia y la libertad de acción existe sólo para los “pistoleros”. En el artículo se condena que los objetivos industriales de importancia estratégica hayan sido puestos de nuevo bajo el control estatal, así como los procesos de “desprivatización” en las ramas de extracción de petróleo y gas. Se valora de inadmisible el empleo de las reservas energéticas como medio eficaz para consolidar la influencia internacional de Rusia. Y ¿el nacionalismo ruso que es estimulado por manuales de historia que fueron reescritos haciendo copias ideológicas fieles del “régimen”? Y luego el acorde final: “Para que la democracia eche raíces y se desarrolle hace falta una base institucional mínima como la que había en Polonia, Hungría y la República Checa en la época del derrumbe del imperio soviético. Por esta causa en dichos países la democracia pudo sobrevivir el desorden del período de tránsito. En Rusia no existía tal base, al igual que en muchos países africanos y latinoamericanos, por lo cual, al llegar la libertad, ésta se convirtió en desenfreno y en breve se hizo añicos, permitiendo así que renaciera la barbarie de la dictadura. ¡Oh, pobre Rusia!” Confieso que después de leer este y otros artículos semejantes, me surgió el deseo de escarbar un poco en el “dossier hondureño” de la corresponsalía y utilizar toda la información negativa disponible sobre este país para darle una respuesta del tipo “más lo eres tú”, cerrando el artículo con un gemido compasivo: “¡Oh, pobre, pobre Honduras”! Pero por suerte recapacité a tiempo. No, no quiero ser “detonador” de una “contra guerra fría” con Honduras. Si ellos la iniciaron, pues que la continúen unilateralmente si ello contribuyera en algo a eliminar el stress social, de política interna y de otro tipo…

Pero, de todas formas, ¿cómo marchan las cosas en cuanto a la presencia de rusos en la tan “amada” Honduras?

Tovarich Vodka
Hice todo lo posible para localizar no ya una comunidad, sino, aunque fuera, una huella rusa en Honduras. Albergué cierta esperanza de éxito cuando vi el anuncio de “Vodka Tovarich” en la torre de la “fabrica de bebidas y licores” de la capital. Los habitantes locales prefieren el ron, el aguardiente y, finalmente, el whisky, ¿Por qué no suponer que el vodka “Tovarich” era destilado de forma dirigida hacia su consumidor natural: los inmigrantes rusos? Traté de confirmar esta deducción buscando apellidos rusos en la guía telefónica de Tegus. Cero éxitos. Fracaso total.

¡Pero finalmente tuve suerte! En el vuelo de regreso de Honduras mi compañero de viaje resultó ser Yuri B-v, ex deportista y en la actualidad entrenador de tenis de mesa. Durante todo un año se mantuvo enseñando, puliendo y preparando al equipo hondureño para participar en los Juegos Panamericanos. Terminó su contrato y ahora Yuri regresa a casa.

Yo estaba feliz de haber hallado a un ruso que había trabajado en Honduras y, por supuesto, no me contuve y empecé a interrogar a B-v acerca de si había tenido oportunidad de reunirse con otros rusos. Su respuesta me desconcertó: durante toda su estancia sólo una vez se encontró con un compatriota y, para eso, en una unidad de policía, en el momento en que le hacían entrega del carné de identidad hondureño. Según B-v, este compatriota, llegado a Honduras a principios de la década del 90 (¡!) no mostró interés alguno por entrar en contacto, se apresuró a recibir su documento y, luego de ajustarse su cachucha sobre los ojos, desapareció incluso sin dar la mano para despedirse. “De nuestra en extremo breve conversación - me contó Yuri - saqué en claro que él había adoptado la ciudadanía hondureña y que había puesto la cruz definitivamente sobre su pasado. Dio por terminados todos sus lazos con Rusia, hasta el punto de cambiarse el apellido, amoldándolo a la usanza hondureña”.

Es posible que precisamente en esto radique la clave del enigma acerca de la presencia rusa en Honduras - meditaba luego teniendo como fondo el ronronear monótono de las turbinas del avión. Los rusos que arriban a este país han decidido, por diversas causas justificadas, comenzar la vida desde cero, disolviéndose sin retorno en el ambiente de la vida hondureña”.


1. Ver comentario particular similar en el periódico La Tribuna, Tegucigalpa, “Grave error aliarse con Chávez, 21.07.07”.
2. Hay que señalar que la intensidad de las deportaciones de hondureños en el 2006 fue más alta. Según los datos del Instituto Nacional de Atención al Migrante (INM), 60 mil personas recibieron esta sanción. Hasta junio del 2007 la cifra era de unos 15 mil.
3. Según algunas valoraciones, los considerables volúmenes que alcanzan estas “remesas” atestiguan el hecho de que por este canal también “lavan dinero” las organizaciones delictivas internacionales y del narcotráfico.


K. Sapozhnikov
Fotos de Honduras
Enero 2008

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