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    14 de Junio del 2016

Sin memoria

   Oleg Yasinsky - http://desinformemonos.org.mx/

   Hace sólo una década, la prensa mundial hablaba de una ola roja en Latinoamérica, referiéndose a la llegada al poder – en varios países de la región – de gobiernos que dijeron oponerse al capitalismo. Esta afirmación era tan falsa y superficial como las acostumbradas acusaciones del Departamento del Estado de los EEUU en el comunismo de cualquier país que actúe con el mínimo de independencia de ellos, empezando con Guatemala de Jacobo Arbenz y en adelante. Los reales proyectos políticos y modelos económicos de estos países, bastante diferentes entre si, en su gran mayoría fueron y son más moderados y menos comunistas que las socialdemocracias escandinavas.

Hoy los medios nos ofrecen una mentira nueva: la del comienzo de la derrota de la izquierda en la región. Para justificar este argumento, dentro del mismo saco se mezclan historias y realidades totalmente diferentes y el más manipulado de los términos es, sin duda, la sufrida palabra izquierda.

Hace ya casi un cuarto de siglo, la caída de la URSS y el avance neoliberal en el mundo pusieron fin a la ilusión, conocida como socialismo real, engendrada por Stalin y cuestionada por el Che. Esta tragedia, junto con su altísimo costo humano, por primera vez creó la posibilidad para que los pueblos puedan construir alternativas propias e independientes de las potencias beligerantes. El nuevo siglo empezó en Latinoamérica en el 1994 con la rebelión zapatista en México y siguió más al sur, con el despertar de los nuevos movimientos indígenas y sociales que ya fueron esta nueva izquierda que dio nuevos sentidos a las palabras diversidad, horizontalidad y autonomía. Justamente el fracaso regional de las políticas neoliberales y surgimiento de nuevas fuerzas sociales hicieron posible en triunfo electoral de los gobiernos que prometieron acabar con la injusticia y la desigualdad. Sin desconocer los méritos de los personajes, los primeros fueron sus pueblos y después Chávez, Evo, Correa, y no al revés.

Estas fuerzas nuevas llegaban al poder con poco tiempo para prepararse, mucha improvisación y sin un claro proyecto a mediano y largo plazo. Frente a las urgencias inmediatas, presiones enemigas externas e internas había que dar respuestas. Estas respuestas se construyeron del único material disponible: los paradigmas del socialismo fracasado del siglo XX. Lamentablemente, el tema del poder – su naturaleza, su funcionamiento y su lugar – nunca fue replanteado seriamente. Nunca se hizo un análisis crítico de las causas de la caída de los socialismos reales. El manejo de los importantes y admirables cambios sociales se concentró en manos de los carismáticos lideres, reproduciendo las ya conocidas y tantas veces criticadas, verticales del poder. La burocracia del poder fundaba nuevos partidos del poder. La historia del fracaso de repetía.

A pesar de todos sus errores y debilidades, los gobiernos progresistas latinoamericanos en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina, Uruguay y Brasil junto con los movimientos sociales lograron importantísimos cambios a favor de sus pueblos, junto con las mejorías materiales devolviéndoles la dignidad y la esperanza. El futuro parecía abierto y nuevos países estaban por sumarse al proyecto bolivariano, que se veía como una posibilidad de un socialismo continental, diverso, democrático, no violento y profundamente humano.

Pero el gobierno norteamericano, apoyado por las derechas locales, apostó por lo de siempre: la desestabilización y el golpismo. Después del frustrado golpe contra Chávez en el 2002, el imperio empezó su exitoso contraataque en Honduras, derrotando a gobierno de Manuel Zelaya en 2009. A pesar de las fuertes declaraciones de los primeros días después del golpe, la reacción regional fue blanda y la derecha hondureña logró todos sus objetivos. En el 2012 la historia se repitió en Paraguay, donde la matanza de los campesinos en Curuguatí fue parte de un plan para la destitución del débil e indeciso gobierno progresista de Fernando Lugo para devolver el poder al narcotráfico. La reacción de UNASUR fue aun más blanda. Mientras caían los precios mundiales del petróleo, la derecha recuperaba su iniciativa. Su control de los medios de comunicación, el indudable dominio en el manejo de la imagen y los graves errores estructurales de los gobiernos progresistas tienen como resultado la restauración neoliberal en Argentina, el golpe parlamentario en Brasil y la crisis actual en Venezuela. Pero llamar eso derrota de la izquierda… La izquierda latinoamericana fue aniquilada y derrotada tantas veces, que ésta derrota es un chiste… A pesar de tantas derrotas de la izquierda, la derecha de cualquier país latinoamericano para obtener los votos necesarios en cada elección todavía se siente obligada a disfrazarse de izquierda…

Además, ¿qué gobierno puede llamarse de izquierda? Una China capitalista y eficiente bajo el poder del PC, donde los derechos y libertades humanas no valen mucho? Un Ecuador donde los funcionarios se tratan de compañeros, hablan de la revolución ciudadana y unos ciudadanos ecologistas son perseguidos por obstaculizar el progreso y otros ciudadanos empresarios están más contentos que nunca, mientras el país liberado de la dependencia de la economía norteamericana se hunde cada vez más en la dependencia de la economía china?

Sigo creyendo que la única izquierda posible se construye sólo desde abajo. Y toda la construcción de la izquierda desde arriba siempre termina con el triunfo de la derecha. Igual que en la Unión Soviética.